Methods and an Anti-Methods Rant

Que onda chicos y chicas del club de los desamparados, aburridos, melancólicos, deprimidos y abandonados.

Se viene una temporada llena de eventos. En octubre iré de visita a Juaritos y al Chuco. La Universidad Autónoma de Ciudad Juárez será la sede del XV Congreso Internacional sobre Integración Regional, Fronteras y Globalización en el Continente Americano a realizarse en conjunto con el IV Congreso Internacional de Ciudades Fronterizas. Me da mucho gusto regresar a mi natal Chihuahua y a las ciudades fronterizas. Me da un poco de ansiedad saber que he elegido presentar en español. Me defiendo muy bien en espanglish callejero, pero los discursos académicos son otro rollo. Wish me luck 😉 En noviembre se viene NCA y en febrero WSCA.

La razón por la ansiedad es que últimamente he estado leyendo sobre métodos cualitativos (qualitative methods) y, neta, lo mas que leo, lo mas que me convenzo que no pertenezco al debate sobre métodos. A ver si me puedo explicar:

Manifesto Antimétodo

(y ya se que no soy la primera persona en pensar en algo así—está por ejemplo, Against Method, entre otros argumentos)

Puede tratarse simplemente de otra queja que lanza un estudiante a sus mentores, a su comité y/o a la mera institución educativa que otorga diplomas a personas como un servidor. Puede ser que he elegido la carrera incorrecta por falta de valor. En vez de tener la fuerza para aguantar la incertidumbre de la vida de un poeta, tomé la decisión de estudiar algo entre lo artístico y lo científico—la retórica—algo que en muchos países ni siquiera es tema de estudios.

El tema de hoy tiene que ver poco con retórica y mucho con ciencia. La ciencia ha pasado de ser una teoría de conocimiento a un dogma de lo que forma la realidad social, cultural, política y económica. Y hay dos términos cruciales en la transmisión de esta ideología científica: el método (típicamente el método de investigación—una manera ya establecida) y la teoría (también suele ser una teoría establecida). A veces los intelectuales no aceptan los argumentos de otros intelectuales si no encuentran una contribución a lo que llaman método o teoría y los trabajos de muchos no llegan a formar parte del conocimiento académico.

Mucha gente comienza una discusión sobre métodos por querer averiguar el como otra persona puede llegar a tal conclusión. El problema de esta lógica es que la segunda persona (el lector) intenta usar estos mismos métodos, típicamente bajo la ilusión que los métodos lo llevaran a resultados. A esto yo pregunto ¿donde queda el arte?

Otras personas se preocupan por métodos por no querer hacer daño a otras personas. Hay comités enteros que se dedican a juzgar las propuestas de otros intelectuales y estudiantes de doctorado (los famosos institutional review boards—IRBs). El problema con los IRBs es que hacen de la ética algo que se puede categorizar y almacenar de acuerdo con los códigos de ética (que son de la época presente, y no universales). Y no es que exista algo como el bien universal. Es que a estos comités les vale (es decir, no les importa) si una persona comete violaciones éticas o no. Lo que les importa es la reputación de la universidad. El obtener el sagrado permiso del pinche IRB no significa que lo que hace un investigador en lugares sociales no deje de ser poco ético. El IRB crea una separación imaginaria en la cual el investigador deja de ser tratado como una persona capaz de actuar en el mundo—capaz de ser influyente, capaz de hacer daño, capaz de intervenir.

Otro problema es la idea que las matemáticas pertenecen a 1) la ciencia y 2) el mundo material (que suele ser confundido o fusionado con el mundo real). “Mathematics takes place in the natural world…” ¿Y la naturaleza no es una construcción social que nos permite vivir en un mundo humanista y antropocéntrico? Es decir, la naturaleza no existe sin los sistemas imaginarios sostenidos por la comunicación entre humanos. La naturaleza nos permite decir que como humanos somos amos de la tierra (y hasta del universo). Solo nosotros podemos hacer y deshacer. Solo nosotros importamos.

Las matemáticas, aparte de ser una forma de intentar representar la realidad, también son algo inmaterial—algo imaginario—algo que solo existe en nuestros universos simbólicos. Muchos ya lo han olvidado a tal grado que esta batalla ya no es batalla, si no un capítulo mas de la historia del Siglo XX.

Continúo pero ahora en inglés a contarles que los métodos, aparte de todo lo ya mencionado, son la gran mentira que nos contamos frente al espejo.

Methods is a lie that we tell ourselves. Methods is the lie that we are happy to have told ourselves. Methods is a play or performance that we put on when no one is watching, and if someone were to come in and see we would feel embarrassed to have been caught singing in front of a mirror, holding a comb that seconds ago was a microphone. At the same time, the viewer/intruder is placed in a funny position. This person can be judgmental at the childish fantasy in which their peer was caught, or this person can embrace the all-too-familiar situation and join in and continue pretending that the other side of that mirror is not the bathroom reflected, but a stadium full of fanatics. Methods seeks to answer the epistemological “how do you know what you think you know?” A question that can never be answered with complete satisfaction. To say that any answer suffices is to either drop a philosophical matter for the mere sake of it, like dropping a bookmark into a large novel because the train has stopped and not because the matter has come to an end, or it is to know very well that there is no proper answer to this question and when asked, again, “how do you know what you think you know?” by our committee(s), we provide the answer that a guilty, mischievous child might give their parents when caught redhanded. If the impromptu story that the child fabricates convinces the parents (and in this metaphor, the committee) then no harm has been done, the child can walk away with the smirk of a small but very meaningful success. The problem lies in the moment as much as it lies in the matter of knowing anything at all. In a moment, a person’s answer/narrative/alibi may or may not indicate anything at all about what they know. While some people know this and have come to terms with the contemporary condition of knowledge production, others continue pretending that the play is not a play, but real life—which it is.

Lastly, be sure to visit the University of Utah Rhetoric Society of America Student Chapter for information on upcoming events like lectures, reading groups, and writing groups.

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