Popular Culture, Trump y el Chapo Guzmán

The Fall semester is upon us. This year, I am fortunate to be teaching Media and Pop Culture (COMM 3020) at the University of Utah. This is absolutely one of my favorite courses to teach. I have taught this course in three occasions and every year there appears to be something new in the world of the popular. But one of the topics that caught my attention this summer was the imagined fistfight, not between the Lone Ranger and Tonto, but between Joaquín Guzmán and Donald Trump. Así que ahí les va.

Trump y el Chapo

La seguridad es una simulación. La frontera es una simulación. Si el chapo se puede escapar de una prisión de máxima seguridad, ¿qué (o quién) lo detendría si quisiera ingresar al territorio estadounidense? La razón tras la popularidad (de hecho, el nuevo populismo) del chapo es precisamente que en él el “gentío de gente” (ajá; that’s right) puede ver al “Big Other.” Es decir, ni Dios, ni el Santo Niño, ni San Judas, ni la Virgencita, ni la Santería más trendy nos saca de la miseria, de la violencia, de los abusos, o del caos. Ni la ciencia, ni la modernidad, ni el amor a la nación, ni el queridísimo presidente, ni las autoridades, ni las leyes resucitan a las muertas (que son tantas) ni a los muertos (desde estudiantes y reporteros hasta sicarios quienes en muchas ocasiones ejercen el mismo papel que el agente federal). Es decir, aquí, la necesidad obliga. (Y no solo aquí, pero ese tema es para otro día). Es que aquí es obvio.

En este mundo (EU y México—sí, siguen siendo parte del mismo mundo—no, no soy un marciano aunque me llamen “alien”) figuras como el chapo no prometen un mundo mejor. Tampoco prometen salvar a nadie de la miseria, la pobreza, el abuso, o la violencia. En este mundo, figuras como el chapo nos permiten ver una expresión de libertad raramente vista. Al buscar una imagen del chapo en Google podemos ver a las autoridades gozando la captura de este hombre. No existe una imagen, en el conocimiento popular, de el chapo como hombre—gozando de la libertad que él ha construido para si mismo. O mas bien, ese no es el cuento que nos quieren contar—esa no es la memoria que actualmente se está fabricando. Tal es su libertad que transciende su propia existencia.

En EU, se ha establecido que la libertad solo existe bajo el precio de matanzas calladas en las esquinas más oscuras del mundo. Que algunos apenas han descubierto que la policía es una maquina mata-minorías es sorpresivo, ya que la maquina militar estadounidense lleva décadas ocupándose de estas funciones en el nombre de la democracia, Dios, y la libertad. ¿Ya olvidamos la famosa frase “freedom isn’t free”? Este tipo de libertad no es libertad, sino la simulación de la libertad. Es una obra de teatro en la que todos pueden participar. La libertad que el chapo habita es tan sagrada que no podemos, ni siquiera debemos, nombrarla por lo que es. Es tan sagrada que no la podemos ver en Google images. Sólo podemos soñar con alguna día gozar de una libertad que se le parezca. Es una libertad que vive sin las mismas preocupaciones que nos estancan: el no poder porque me lo han dicho desde la niñez, que ser un buen ciudadano/consumidor significa ser obediente y trabajador, pero sobre todo significa saber callar las ideas.

No digo, ni supongo, que el chapo sea una buena persona. Obviamente no lo conozco. Tampoco que sea alguien admirable. Digo que a él no le importa lo que piense ni yo, ni tú, ni Peña Nieto, ni Donald Trump. Le importa ganar feria: C.R.E.A.M. Es el Mexicano mas forrado de México después de Carlos Slim. Su valor neto se calcula en 1 billón USD (el de Trump en 4 billones). Es un capitalista y la prohibición (siendo crimen) es un negocio.

Pero…

La inmigración también es prohibida (con obvias limitaciones)—solo ciertas personas pueden entrar a los EU “legalmente.” Siendo esta la situación, Trump se convierte en el ejemplo perfecto de una simulación—alguien que pasa de ser un personaje televisivo, algo semejantemente benévolo (o por lo menos neutral), a el mas controversial y popular de los candidatos Republicanos a la presidencia gringa. Conociendo el clima racista y anti-racista en los EU, Trump anuncia su plan para la frontera: construir una barda aún mas chingona que la de Bush y Obama. Y para, como dicen los gringos, add insult to injury, que la construyan y que la paguen los mexicanos. Lo obvio es llamar a Trump “racista.” Pero nadie va a llamar a Trump “populista.” El término “populista” siempre se nos da a los Latino Americanos por elegir líderes políticos que nos prometen lo que mas deseamos. Y este término, populista, pasa de ser un elogio a la democracia a un insulto a la inteligencia y dignidad del gentío. Pero si el populismo alguna vez existió en EU, esta existencia se refleja en la popularidad de este candidato.

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En este clima, una de las respuestas en contra de Trump y en favor de los mexicanos fue el mito creado por la raza que consiste de imaginarse al chapo como un héroe anti-capitalista, anti-EU, anti-racista, y anti-conservador. Pero este héroe imaginario, aún estando lleno de esperanza y todo eso que más deseamos los mexicanos para México y para nuestros compatriotas en EU, no será una realidad (o mejor dicho, no es una realidad que deberíamos anhelar). ¿Por qué? El chapo no llegó a ser el chapo por tomar una posición anti-capitalista, anti-EU, anti-racista, o anti-conservadora. Al contrario, el chapo se convirtió en el chapo precisamente por encontrar la manera de formarse dentro de un sistema capitalista, en el cual existe una frontera (la cual él conoce como una simulación, pero para muchos es mas real que la misma existencia); dentro de un sistema en el cual la criminalización de drogas es una manera de criminalizar a los mexicanos, mexicoamericanos, y afroamericanos más pobres de las zonas fronterizas; dentro de un sistema conservador donde los forrados hacen lo imposible para no perder su jerarquía (hasta matar al gentío de gente antes de que lleguen a la frontera). Para que el chapo siga siendo el chapo, el mundo fronterizo tiene que seguir siendo capitalista, dominado por los EU (y algunos títeres mexicanos), racista, y conservador.

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Conservador porque mientras que uno no sea radical, nunca sera liberal—solo la semejanza cómoda de lo que una persona liberal supone ser.
Ángel

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